La profesora Laurie Santos, de la Universidad de Yale, no se propuso en un principio crear el curso más popular en la historia de la institución, ni el curso del que más se hablase en Estados Unidos. Tras detectar que sus alumnos estaban más deprimidos y ansiosos de lo que lo habían estado nunca, se propuso que fueran felices.

Por ello, Santos decidió diseñar un curso de “psicología positiva”, es decir, el campo de estudio que se centra en el bienestar, y no en la disfunción psicológica. En su primera clase, Santos explica que quiere enseñarles no sólo la ciencia de la felicidad, sino la práctica de la felicidad. Y resulta que la felicidad requiere práctica. Pero primero tienes que aprender qué es exactamente la felicidad.

La primera parte del curso revela los conceptos erróneos que tenemos sobre la felicidad y las características molestas de la mente que nos llevan a pensar de la manera en que lo hacemos. Y es que nuestras mentes son muy buenas llevándonos a seguir intuiciones sobre la felicidad que resultan ser completamente erróneas.

La siguiente parte del curso se centra en actividades que aumentan la felicidad y estrategias para construir mejores hábitos.

Santos analiza el trabajo de Sonja Lyubomirsky, psicóloga de la Universidad de California, Riverside, y autora de The How of Happiness. Lyubomirsky es conocida por su estudio sobre lo que afecta a nuestra felicidad, que ella expresa en un gráfico circular: propone que aproximadamente el 50 % de la felicidad está determinada por los genes (totalmente fuera de tu control), aproximadamente el 10 % está determinado por las circunstancias (también fuera de tu control), y el 40 % restante está determinado por tus pensamientos, acciones y actitudes (es decir, totalmente dentro de tu control).

“Nos inclinamos a asumir que las circunstancias juegan el papel más importante en nuestra felicidad, cuando la investigación sugiere que juegan el papel más pequeño.” Lyubomirsky se apresura a señalar que esto sólo es cierto si se satisfacen las necesidades más básicas. Si eres un refugiado sirio, o estás atrapado en una relación abusiva, entonces las circunstancias obviamente juegan un papel muy importante en el bienestar. “Es más, subestimamos enormemente la medida en que cambiar nuestros comportamientos, en lugar de nuestras circunstancias, puede aumentar significativamente nuestro bienestar. Lo que creemos que haría una gran diferencia en nuestras vidas, según la investigación científica, sólo hace una pequeña diferencia, mientras que pasamos por alto las verdaderas fuentes de felicidad y bienestar personal”, dice Lyubomirsky.

¿Cuáles son las verdaderas fuentes de felicidad personal? La mejor manera que los psicólogos han encontrado para determinar qué hace feliz a la gente es hacer un estudio a la inversa, es decir, observar los hábitos de las personas que ya se declaran como felices. Este es un método inexacto, por razones de correlación versus causalidad: puede que seas feliz y alto, pero eso no significa que ser alto sea lo que te hace feliz. Pero hay ciertos hábitos que han demostrado ser consistentes entre las personas felices. Las personas felices dedican tiempo a la familia y a los amigos. Practican la gratitud. Practican el optimismo. Son físicamente activos. Saborean los placeres de la vida y tratan de vivir en el momento presente.

En la última parte del curso, Santos encarga a sus alumnos una tarea final, que apliquen durante 4 semanas una actividad de bienestar conocida como “renovación del cableado”.

La felicidad, al final, es una actitud que hay que cultivar, no una condición que hay que imponer. Para cuando los estudiantes completen el curso, Santos espera que no sólo sean más felices, sino que también tengan una variedad de herramientas que les permitan tomar el control de su felicidad. Esto, sobre todo, es lo que ella imagina que motivó a tantos estudiantes a matricularse en su curso en primer lugar. “Sinceramente, tengo la sensación de que a los estudiantes no les gusta esta cultura, no les gusta una cultura en la que todo el mundo se sienta abrumado y estresado, pero demasiado asustado para admitirlo. Ven este curso como algo que podría propiciar el cambio que están buscando”.

Fuente: www.thecut.com