Ser un niño bueno no compensa.

Ser un niño bueno no compensa.
SparkOptimus Team
Publicado por:
Equipo de Dreamteam
18
/
04
/
2023

De entre todas las preguntas que mantienen a las grandes mentes en vilo - ¿Existe vida inteligente en el espacio? ¿Qué hay después de la muerte? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? – hay una que sin lugar a dudas nos hemos planteado todos: ¿Merece la pena ser bueno?

Sonreír a los clientes, traer pastelitos a la oficina, felicitar a tus empleados, compartir méritos, escuchar, empatizar, no exprimir a los proveedores, no comerte el último Donut.

Burlarse del cliente, ser borde con tus subordinados, apropiarse méritos, poner los pies sobre la mesa, desaprobar, inspirar miedo, interrumpir, y sobre todo, comerte el último Donut, te lo mereces.

Dicen por ahí que uno de estos caminos te llevará lejos, al éxito, y que si sigues el otro morirás solo y arruinado. Pero, ¿cuál es cuál?

Cuando Walter Isaacson publicó su libro “Steve Jobs” muchos lo tuvieron claro: “¡Ves! Steve Jobs era un prepotente y es un ejemplo de éxito en todo el mundo. Quizás debería ser más como él.”

Los directivos narcisistas se encuentran concentrados en ambos extremos del espectro del éxito. ¿Pero qué diferencia a los triunfadores, como Steve Jobs, de los fracasados, como… bueno, como Steve Jobs que fue despedido de su propia start-up por el mentor, a quién él mismo contrató, en 1985?

En la Universidad de Ámsterdam llevaron a cabo un experimento. Grabaron dos versiones de una escena de una película. En la primera se veía a un señor que tomaba asiento en la terraza de una cafetería, examinaba el menú y lo volvía a colocar con cuidado en su soporte. Después se encendía un cigarrillo. Cuando llegaba el camarero le decía: “Hola, ¿me sirve por favor un sándwich vegetal y un café sólo? Gracias.” En la segunda escena el mismo hombre tomaba el mismo asiento en la misma terraza. Subía los pies a la silla de enfrente, se fumaba un cigarrillo echando las cenizas al suelo y después de ojear el menú no lo devolvía a su soporte. “Eh, tráigame un sándwich vegetal y un café sólo.” Le decía al camarero sin mirarle mientras bajaba los pies de la silla para aplastar su colilla contra el suelo. Las conclusiones de los observadores fueron que el segundo sujeto era más inteligente, más poderoso y algunos incluso declararon que les gustaría tenerlo como jefe o que lo ascenderían en su empresa.

Un comportamiento semi-ofensivo hace que una persona nos parezca más poderosa, y como la profecía que se auto-cumple, ser vuelva más poderosa. En los establecimientos de las firmas de lujo saben que los vendedores con un comportamiento snob y condescendiente con los clientes obtienen ventas más altas que los vendedores afables y serviciales. Jeffrey Pfeffer, profesor de la Universidad de Stanford lo explica así: “Creemos que preferimos que nuestros líderes sean personas modestas y auténticas, sin embargo, aceptamos la altanería y la arrogancia como indicadores de riqueza y triunfo.”

Sin embargo, cuidado. Si no ostentas una posición de poder que te exima de los deberes mundanos, como usar un cenicero, te tomarán por un prepotente narcisista. Si no te respetan no sirve de nada. Una cosa es demostrar con educación quién es el jefe y otra rozar la psicopatía.

Fuente: The Atlantic

Conclusión

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