La inteligencia artificial suele asociarse a sectores tecnológicos o de servicios, pero su impacto puede ser aún mayor en la industria. Germán Suárez aborda esta transformación desde una perspectiva eminentemente empresarial: cómo ganar productividad, optimizar operaciones y reforzar la competitividad en un sector global donde cada decisión afecta directamente a los costes, los plazos y la rentabilidad.
En Astican, la IA no se contempla como un proyecto experimental, sino como una herramienta para resolver problemas concretos del negocio. Desde la planificación de los varaderos hasta el análisis competitivo de otros astilleros o la mejora de la eficiencia de los equipos, la organización ha comenzado a incorporar la inteligencia artificial allí donde puede generar valor de forma inmediata.
Lejos de plantear un escenario de sustitución del empleo, Suárez defiende que la IA permitirá liberar a las personas de tareas repetitivas para que puedan dedicar más tiempo a aquellas actividades donde realmente aportan conocimiento, criterio y capacidad de decisión. Su visión es pragmática: la inteligencia artificial será, sobre todo, un acelerador de productividad y un factor decisivo para competir en un mercado internacional cada vez más exigente.
-¿Cómo describes el momento actual de la inteligencia artificial dentro de vuestro sector: expectativa, transformación real o todavía exploración?
En nuestro caso hablaría claramente del inicio de una transformación real. Hace aproximadamente dos años comenzamos a explorar de forma sistemática qué podía aportar la inteligencia artificial a una empresa industrial como la nuestra. Fuimos la primera empresa canaria en incorporarse a IndesIA, una agrupación formada por algunas de las principales compañías industriales españolas con el objetivo de impulsar la aplicación de la inteligencia artificial en el tejido empresarial. Aquella decisión respondía, sobre todo, a una necesidad de aprender. Queríamos entender qué era realmente la inteligencia artificial, qué aplicaciones podía tener en un astillero y cómo debíamos prepararnos para incorporarla a nuestro negocio. Seguimos teniendo muchas expectativas, pero ya no estamos únicamente explorando. Hemos pasado de intentar comprender la tecnología a comenzar a utilizarla para resolver problemas concretos de la empresa.
-¿Cuál fue el primer momento en el que entendiste que la IA iba a tener un impacto real en tu empresa?
-Recuerdo perfectamente ese momento. Fue durante una reunión del comité de dirección en la que nuestro director corporativo de Tecnología realizó una demostración muy sencilla, pero enormemente ilustrativa. A partir de un simple prompt fue capaz de generar en pocos minutos una canción completamente estructurada, utilizando conceptos relacionados con nuestro propio negocio. Puede parecer una anécdota, pero para mí supuso un auténtico punto de inflexión. Hasta ese momento llevaba tiempo escuchando hablar de inteligencia artificial y viendo aplicaciones industriales a través de IndesIA, pero aquella demostración me hizo comprender que no estábamos ante una tecnología más. Era algo con capacidad para transformar profundamente la forma de trabajar. A partir de ahí comenzamos a diseñar un plan para incorporarla a nuestras operaciones. Desde el principio tuvimos clara una premisa: toda la información debía permanecer dentro de nuestro entorno corporativo. Por cuestiones de seguridad y confidencialidad apostamos por soluciones integradas sobre nuestro propio ecosistema de datos, evitando modelos abiertos cuando se trataba de información sensible para la compañía.
¿Dónde estás viendo ya aplicaciones prácticas o resultados tangibles?
-Uno de los ejemplos más claros lo encontramos en la gestión de nuestros varaderos. A diferencia de otros astilleros que trabajan con un único dique seco, nosotros disponemos de distintas calles de varada donde los barcos deben ubicarse de la forma más eficiente posible. Tradicionalmente esa planificación dependía casi exclusivamente de la experiencia de una persona. Cuando el nivel de ocupación era moderado resultaba relativamente sencillo, pero con la elevada carga de trabajo que tenemos actualmente la complejidad aumenta de forma considerable. Hoy utilizamos inteligencia artificial para ayudar a optimizar esa planificación. El sistema analiza simultáneamente la ocupación de las distintas posiciones, los plazos comprometidos con cada cliente, la duración prevista de los trabajos y la llegada de nuevos buques para proponer la distribución más eficiente posible. La decisión final sigue correspondiendo a las personas, pero la IA reduce enormemente el tiempo necesario para elaborar esa planificación y permite aprovechar mejor la capacidad instalada del astillero. Ese es un ejemplo muy claro de cómo la inteligencia artificial genera productividad sin sustituir el conocimiento de los profesionales.
-¿Qué áreas cree que van a transformarse antes: operaciones, atención al cliente, análisis, ventas, RRHH, finanzas…?
-Creo que el mayor recorrido estará en las operaciones. Áreas como recursos humanos, finanzas o marketing llevan muchos años apoyándose en herramientas de gestión cada vez más sofisticadas. Sin embargo, la producción industrial siempre ha sido mucho más difícil de digitalizar porque cada empresa tiene procesos muy específicos que rara vez encajan en soluciones estándar. Ahí es donde la inteligencia artificial marca una diferencia importante. Permite construir soluciones mucho más adaptadas a la realidad de cada organización, aprovechando los datos propios para resolver problemas concretos. Además del ejemplo de la planificación de varadas, estamos desarrollando otras aplicaciones muy interesantes. Una de ellas consiste en analizar diariamente la ocupación de los principales astilleros con los que competimos en el Atlántico y en otras zonas del mundo. Combinando información pública sobre la posición de los buques con distintas fuentes de datos somos capaces de estimar su nivel de actividad y obtener una información muy útil desde el punto de vista comercial y estratégico. Pero, aun siendo aplicaciones valiosas, sigo pensando que donde la IA tendrá un mayor impacto será en la gestión de la producción. Cada reparación naval es prácticamente una empresa diferente. Cada jefe de proyecto dirige un proceso único que comienza con la entrada del barco y termina pocas semanas después con su entrega. Si conseguimos proporcionar a esos responsables herramientas que les permitan tomar mejores decisiones y dedicar menos tiempo a tareas administrativas, estaremos aumentando de forma muy significativa la productividad de toda la organización. Y eso no solo mejora la rentabilidad. También permite que las personas dediquen más tiempo a aquello que realmente aporta valor e incluso favorece una mejor conciliación.
-¿Qué te ha sorprendido más de la IA: su capacidad o la velocidad del cambio?
-Sin duda, su capacidad. La velocidad con la que una empresa adopta la inteligencia artificial depende en buena medida de su cultura, de su liderazgo y de las personas que la integran. Sin embargo, la capacidad de esta tecnología es algo intrínseco. Cada vez que profundizamos un poco más descubrimos nuevas posibilidades de aplicación que hace muy poco tiempo resultaban impensables. Lo realmente sorprendente es comprobar hasta qué punto puede ayudar a resolver problemas complejos que antes requerían mucho tiempo y una enorme dedicación de recursos.
-¿Cómo está reaccionando la gente ante la IA: curiosidad, miedo, resistencia o entusiasmo?
-En nuestro caso predomina claramente la curiosidad. También percibo entusiasmo. No hemos detectado miedo ni la sensación de que la inteligencia artificial vaya a sustituir puestos de trabajo dentro de la empresa. Creo que eso tiene mucho que ver con la forma en que hemos planteado el proceso. Desde el principio hemos transmitido que la IA no llega para reemplazar a las personas, sino para ayudarles a trabajar mejor. Cuando los equipos entienden que una herramienta les permite ahorrar tiempo en tareas repetitivas y dedicar más esfuerzo a aquello que realmente aporta valor, la reacción suele ser muy positiva. Y esa aceptación resulta imprescindible para que cualquier proceso de transformación tenga éxito.
-¿Qué habilidades crees que serán más importantes en los próximos cinco años?
-Si tuviera que destacar una por encima de todas sería el criterio. La inteligencia artificial nos ofrecerá cada vez más información, más propuestas y más alternativas. Pero seguirá siendo responsabilidad de las personas distinguir qué es correcto, qué tiene sentido y qué decisiones deben tomarse.
-No basta con saber utilizar una herramienta. Habrá que desarrollar la capacidad de analizar críticamente sus respuestas. La IA también se equivoca. Puede interpretar mal una situación, utilizar información incompleta o llegar a conclusiones incorrectas. Por eso necesitaremos profesionales capaces de validar, cuestionar y contrastar aquello que reciben. Creo que esa capacidad de discernimiento será una de las competencias más valiosas en los próximos años.
-¿Qué riesgos te preocupan más: tecnológicos, regulatorios, culturales o de pérdida de competitividad?
-Desde el punto de vista empresarial me preocupan especialmente dos. El primero es el regulatorio. Todavía desconocemos cuál será el marco normativo definitivo, pero la experiencia nos demuestra que, en ocasiones, Europa termina regulando determinadas materias desde una perspectiva muy alejada de la realidad empresarial. Existe el riesgo de imponer obligaciones o limitaciones que dificulten la innovación y reduzcan nuestra capacidad para competir frente a otras regiones del mundo. El segundo riesgo tiene un componente cultural. Las nuevas generaciones de profesionales querrán trabajar en organizaciones modernas, donde la tecnología forme parte natural de la actividad diaria. Una empresa que no incorpore inteligencia artificial puede dejar de resultar atractiva para captar talento. En nuestro caso no lo vivimos con preocupación porque estamos avanzando decididamente en esa dirección, pero sí creo que será un riesgo real para muchas organizaciones que permanezcan inmóviles.
-¿Crees que las empresas que no incorporen IA de forma seria quedarán fuera del mercado?
-Estoy convencido. La inteligencia artificial va a generar más productividad, mayor eficiencia y una mejor capacidad para competir. Nosotros operamos en un mercado global donde competimos con empresas situadas en países con estructuras de costes muy diferentes. Si queremos mantener nuestra posición no podemos competir únicamente en precio. Necesitamos ser más eficientes. Y la inteligencia artificial será una de las principales herramientas para conseguirlo. Quien no incorpore estas capacidades perderá competitividad de forma progresiva hasta quedar claramente en desventaja frente a quienes sí lo hagan.
-¿Canarias está preparada para competir en un entorno empresarial impulsado por IA?
-Sí. No creo que el problema sea una cuestión de capacidades técnicas. Disponemos de profesionales preparados y de empresas perfectamente capaces de incorporar estas tecnologías. La diferencia estará en la voluntad de hacerlo. La implantación de la inteligencia artificial no depende exclusivamente de contar con informáticos o especialistas en programación. En nuestro propio equipo participan profesionales con perfiles muy distintos. Lo importante es que exista curiosidad, ganas de mejorar y voluntad por parte de la dirección para impulsar el cambio. Cuando esa decisión existe, las organizaciones encuentran el camino para avanzar.
-¿La IA es hoy una prioridad estratégica real o todavía una conversación de innovación?
-En nuestro caso es una prioridad estratégica absolutamente real. No es un proyecto experimental ni una iniciativa aislada del departamento tecnológico, forma parte de nuestra estrategia empresarial. Estamos convencidos de que condicionará nuestra competitividad durante los próximos años y, por tanto, debe incorporarse a la planificación de la compañía igual que cualquier otra decisión estratégica.
-¿Qué te preocuparía más: adoptar IA demasiado lento o demasiado rápido?
-Probablemente demasiado rápido. Reconozco que tengo una visión relativamente prudente de este tipo de procesos. Siempre utilizo una comparación que resume bastante bien mi forma de pensar. En la fiebre del oro, el primero que llegaba asumía todos los riesgos y normalmente los indios le mataban. El segundo podía aprovechar gran parte del aprendizaje y las batallas libradas por otros sin renunciar a las oportunidades. Con la inteligencia artificial ocurre algo parecido. Creo que conviene avanzar con decisión, pero también con criterio. No se trata de incorporar cualquier herramienta simplemente porque exista. Hay que seleccionar aquellas soluciones que realmente aportan valor y hacerlo de una manera ordenada y segura.
-¿Qué perfiles profesionales desaparecerán antes en tu sector?
-Sinceramente, no veo que en nuestro sector vayan a desaparecer perfiles profesionales como consecuencia de la inteligencia artificial. Lo que sí cambiará será la forma en que muchas personas realizan su trabajo. Habrá tareas que dejarán de hacerse manualmente porque pasarán a estar automatizadas, pero eso permitirá que los profesionales dediquen más tiempo a actividades de mayor valor añadido. No veo la IA como una herramienta para reducir equipos, la veo como una herramienta para aumentar las capacidades de las personas.
-¿Dónde tendrá mayor impacto la IA: en la planificación, en los costes o en la calidad?
-En realidad, en los tres ámbitos. Pero probablemente el primer impacto se producirá en la planificación. Una mejor planificación termina repercutiendo directamente sobre los costes, los plazos, la utilización de los recursos y, finalmente, sobre la calidad del servicio que ofrecemos al cliente. Todo está conectado. Cuanto mejor se planifique una operación, mejores serán los resultados obtenidos en el resto de variables.






