Licenciado en Ciencias Económicas y diplomado en Alta Dirección de Empresas, Rodolfo Núñez está en Binter desde que la compañía pasó a manos de capital canario. Hoy, la conectividad entre las islas y con el exterior no se puede entender sin el papel relevante de la aerolínea.
-¿Cómo describes el momento actual de la inteligencia artificial dentro de vuestro sector: expectativa, transformación real o todavía exploración?
Creo que estamos en una fase intermedia entre la expectativa y la transformación real. Ya estamos viendo cambios concretos y aplicaciones prácticas, pero probablemente todavía estamos muy lejos de entender la verdadera dimensión de lo que viene. Me recuerda mucho a la llegada de la informática personal en los años ochenta. Hasta ese momento la informática existía, pero estaba reservada a grandes organizaciones, bancos o administraciones. De repente pasó a estar al alcance de cualquier persona y de cualquier empresa.
Después llegó Internet y volvió a ocurrir algo parecido. Y ahora estamos viviendo una tercera gran ola. La experiencia demuestra que cuando aparecen tecnologías de este tipo resulta prácticamente imposible anticipar con precisión sus consecuencias finales. Lo que sí sabemos es que cambian la sociedad de forma profunda. Por eso creo que el debate ya no es si la inteligencia artificial va a transformar las empresas y la economía. Eso ya está ocurriendo. La cuestión es hasta qué punto llegará esa transformación y a qué velocidad se producirá.
Sin límites
«La capacidad humana para procesar todo ese volumen es limitada. La capacidad de una IA no. Fue entonces cuando entendí que esto no era una herramienta más»
-¿Cuál fue el primer momento en el que entendiste que la IA iba a tener un impacto real en tu compañía?
El momento en que comprendí que la clave estaba en los datos. Recuerdo una explicación muy sencilla pero muy ilustrativa. Nos plantearon que una persona podría dedicar toda su vida a estudiar cada cuadro del Museo del Prado: quién lo pintó, cuándo, en qué contexto y qué características tiene. Una inteligencia artificial puede procesar toda esa información en cuestión de minutos. Ahí comprendí que el verdadero poder no estaba únicamente en la tecnología sino en la capacidad de gestionar cantidades ingentes de información. Cuando entiendes eso, empiezas a darte cuenta de que detrás de cada dato existe otro dato relacionado.
Y detrás de ese otro dato aparecen nuevas conexiones. La capacidad humana para procesar todo ese volumen es limitada. La capacidad de una IA no. Fue entonces cuando entendí que esto no era una herramienta más. Era el inicio de una nueva forma de analizar la realidad y tomar decisiones..
-¿Qué áreas crees que van a transformarse antes?
La primera será, sin duda, la relación con el cliente. Vamos a conocer mucho mejor a las personas que compran nuestros productos y servicios. Entenderemos mejor sus hábitos, preferencias y comportamientos. Eso permitirá diseñar ofertas más personalizadas y mejorar la experiencia del cliente .
Después llegará una transformación muy importante en toda la parte operativa y técnica. Hablamos de mantenimiento predictivo, planificación de recursos, control de procesos, supervisión de activos o gestión de incidencias. Hoy muchas de estas tareas ya existen, pero requieren importantes inversiones o una gran dedicación de recursos humanos.
La inteligencia artificial permitirá hacerlas de forma mucho más eficiente. También tendrá un papel muy relevante en la definición de nuevos productos. La capacidad para analizar tendencias y detectar cambios en la demanda será muy superior a la actual. Y, por supuesto, todas las áreas administrativas experimentarán una automatización creciente. En definitiva, creo que prácticamente todas las funciones de la empresa se verán afectadas, aunque probablemente la relación con el cliente y la gestión operativa serán las primeras en notar el cambio.
Clientes
«Vamos a conocer mucho mejor a las personas que compran nuestros productos y servicios. Entenderemos mejor sus hábitos, preferencias y comportamientos»
-¿Qué te sorprende más: la capacidad o la velocidad del cambio?
Las dos cosas. Probablemente ahora percibimos más la velocidad porque es lo que vemos cada día. Cada semana aparecen nuevas herramientas, nuevas aplicaciones y nuevas capacidades. Pero si miro más allá del corto plazo, lo que realmente me impresiona es la profundidad del cambio. La historia económica está llena de tecnologías que modificaron radicalmente la forma de vivir de las personas. La electricidad, el agua corriente, la mecanización del hogar, los ordenadores, Internet o los teléfonos móviles son buenos ejemplos.
La inteligencia artificial pertenece a esa categoría. No estamos hablando simplemente de una nueva herramienta informática. Estamos hablando de una tecnología que puede alterar la forma en que producimos, consumimos, aprendemos, viajamos y trabajamos. Por eso creo que dentro de unos años miraremos atrás y veremos este momento como el comienzo de una transformación mucho más profunda de lo que hoy somos capaces de imaginar.
-¿Cómo está reaccionando la gente ante la IA: curiosidad, miedo, resistencia o entusiasmo?
Diría que predomina la curiosidad acompañada de una expectativa positiva. No percibo miedo generalizado ni tampoco un entusiasmo irracional. Las personas entienden que estamos ante una tecnología importante y quieren comprender cómo puede afectarles. En sectores como el transporte o la aviación existe además una cierta cultura de adaptación tecnológica. Estamos acostumbrados a convivir con procesos de innovación constantes y eso facilita que la reacción sea relativamente abierta. La mayoría de la gente no ve la IA como una amenaza inmediata, sino como algo que habrá que aprender a utilizar.
-¿Canarias está preparada para competir en un entorno empresarial impulsado por la IA?
Mi respuesta sería sí y no. Sí, porque Canarias tiene una economía muy vinculada al turismo y la inteligencia artificial difícilmente va a sustituir la esencia del producto turístico. El turista seguirá queriendo viajar, disfrutar del clima, vivir experiencias y desplazarse físicamente. No porque todavía tenemos deberes pendientes en materia educativa y de adaptación del talento.
El gran reto no es tecnológico. La tecnología estará disponible para todos. El verdadero reto es preparar a las personas para convivir con ella. Además, tenemos que asumir que el aprendizaje ya no termina cuando alguien acaba sus estudios. La formación continua será cada vez más importante. La buena noticia es que hoy el acceso al conocimiento es mucho más democrático. Una persona en Canarias puede acceder a contenidos formativos de universidades y centros de referencia mundial sin necesidad de desplazarse. Eso nos da una oportunidad extraordinaria para acelerar nuestra adaptación.
-Si tuvieras que resumir en una frase el impacto de la IA en el sector durante los próximos cinco años, ¿cuál sería?
Seremos mucho más precisos. Más precisos a la hora de entender a nuestros clientes. Más precisos a la hora de diseñar productos. Más precisos en la gestión operativa. Más precisos en la toma de decisiones. Y esa precisión se traducirá en eficiencia, mejor servicio y una mayor capacidad de adaptación a las necesidades del mercado.
Para finalizar, no creo que asistamos a una destrucción masiva de empleo. Lo que sí veremos será una profunda transformación de muchas profesiones. Muchas empresas necesitarán menos personas para realizar determinadas tareas administrativas, de control o de supervisión. A lo largo de la historia todas las revoluciones tecnológicas han eliminado determinadas tareas, pero también han generado otras nuevas. El problema no es tanto el número de empleos como la velocidad de adaptación de las personas a esos cambios. Ahí es donde tendremos uno de los grandes desafíos sociales de los próximos años. Por eso creo que más que una reducción global del empleo veremos una redistribución del mismo hacia funciones diferentes.






