Entrevista a Virgilio Correa, CEO de Tirma: «La inteligencia artificial debe ayudarnos a decidir mejor, no a dejar de pensar»

Entrevista a Virgilio Correa, CEO de Tirma: «La inteligencia artificial debe ayudarnos a decidir mejor, no a dejar de pensar»
SparkOptimus TeamEnrique de Areilza
Publicado por:
Equipo de Dreamteam
Enrique de Areilza
19
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08
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2026

Durante más de cuatro décadas ha sido testigo de la transformación tecnológica de la industria. Empezó trabajando cuando las fábricas registraban la información en papel, asistió a la llegada de los primeros ordenadores, vivió la implantación de los ERP y la automatización de los procesos industriales y ahora observa la irrupción de la inteligencia artificial con la serenidad de quien ya ha experimentado varias revoluciones tecnológicas.

Lejos de verla como una amenaza o como una moda pasajera, considera que la IA terminará incorporándose de forma natural al funcionamiento de las empresas. Sin embargo, defiende que debe hacerse en el momento adecuado, apoyándose en datos fiables y sin perder nunca el conocimiento, el criterio y las capacidades que han permitido crecer a las organizaciones.

En esta entrevista reflexiona sobre cómo la inteligencia artificial transformará la industria, por qué las personas seguirán siendo imprescindibles y cuál debe ser el equilibrio entre tecnología y experiencia.

¿Cómo describirías el momento actual de la inteligencia artificial dentro de tu sector, estamos ante una expectativa, una transformación real o todavía una fase de exploración?

Personalmente creo que la velocidad de implantación dependerá mucho del tamaño de cada empresa. Una gran industria podrá incorporar la inteligencia artificial antes que una pequeña empresa manufacturera, simplemente porque dispone de más recursos y de una mayor capacidad de inversión. En cualquier caso, estoy convencido de que se trata de una tecnología que todas las empresas tendremos que asumir. Hay que conocerla, entenderla, aprender cómo funciona y decidir cuál es el mejor momento para incorporarla. En nuestro caso estamos inmersos en un proceso previo que considero imprescindible. Estamos implantando un nuevo ERP que nos permitirá gestionar toda la información de la empresa de forma integrada. La implantación estará lista el año que viene. Será entonces cuando vayamos incorporando progresivamente la inteligencia artificial a nuestros procesos, ya sea utilizando las capacidades del propio ERP o mediante soluciones de terceros. La razón es sencilla: la inteligencia artificial necesita datos fiables y estructurados para aportar verdadero valor. Coincidiendo con la implantación del ERP también realizaremos inversiones en maquinaria y en nuevos sistemas de sensores que nos permitirán capturar información en tiempo real de las líneas de producción. Con esos datos podremos mejorar el mantenimiento preventivo, optimizar la planificación de la producción y anticiparnos a muchas incidencias que hoy solo detectamos cuando ya se han producido. Uno de los primeros beneficios que esperamos obtener será precisamente una mejora en la planificación. Actualmente, una persona dedica entre ocho y doce horas semanales a planificar la producción, un proceso especialmente complejo debido a los cambios de formato y a la gran variedad de productos que manejamos. Con la ayuda de la inteligencia artificial podremos reducir significativamente ese tiempo y dedicarlo a tareas de mayor valor.

¿Cuál fue el primer momento en el que entendiste que la inteligencia artificial iba a tener un impacto real en tu empresa?

No hubo un momento concreto. Ha sido una convicción que se ha ido formando poco a poco a partir de muchas experiencias: conversaciones con otros empresarios industriales, visitas a empresas, lecturas y la observación de cómo evoluciona la tecnología. Al final uno entiende que el mundo avanza y que, antes o después, tendrás que subirte a ese tren.

Cuando empecé a trabajar no había ordenadores sobre las mesas. Todo se hacía con papel y bolígrafo. Existía un centro de proceso de datos donde dos personas recogían toda la información que llegaba escrita a mano, la transcribían y generaban los informes necesarios para la empresa. Con el tiempo apareció el primer ordenador, cuya única función era controlar el almacén. Hoy resulta impensable encontrar una mesa de trabajo sin un ordenador. ¿Supuso aquello un trauma? En absoluto. Fue simplemente una evolución tecnológica que todos terminamos incorporando con naturalidad. Recuerdo incluso haber asistido a cursos para aprender a utilizar WordPerfect o Excel. Curiosamente, con la inteligencia artificial el aterrizaje puede ser más rápido, ya que podemos utilizar lenguaje natural para interactuar con ella. Se irá integrando de forma mucho más fluida en el trabajo diario de las empresas. Sin embargo, seguirá siendo necesario aprender aspectos como saber formular correctamente las preguntas, proporcionar el contexto adecuado y validar las respuestas. Por eso creo que no debemos verla como una ruptura, sino como una evolución.

¿Dónde estás viendo aplicaciones prácticas de la inteligencia artificial con resultados tangibles?

De momento estamos en una fase muy inicial. La integración de la inteligencia artificial en la propia dinámica de nuestros procesos es todavía pequeña, pero no existe aún un uso transversal a nivel de procesos. Sin embargo, sí utilizamos la inteligencia artificial de forma individual para resolver cuestiones concretas relacionadas con el trabajo diario de cada departamento. Hace poco, por ejemplo, necesitaba aclarar una duda relacionada con derecho mercantil. Realicé la consulta y, gracias a mis propios conocimientos, pude comprobar que la respuesta era correcta. Ese es uno de los grandes valores de estas herramientas: tener acceso inmediato a información compleja en cualquier momento del día. Ahora bien, también hay que ser conscientes de sus limitaciones. En otra ocasión obtuve una respuesta que no era correcta porque la herramienta trabajaba con información desactualizada. Es decir, las conocidas 'alucinaciones' existen y obligan a mantener una actitud crítica. La inteligencia artificial es muy útil, pero sigue necesitando la supervisión de personas capaces de validar sus respuestas.

Cuando la inteligencia artificial empiece a transformar la empresa, ¿por dónde crees que comenzará? ¿Operaciones, atención al cliente, análisis, ventas, recursos humanos...?

Es probable que la inteligencia artificial pueda comenzar a aplicarse antes en áreas como IT, atención al cliente o marketing, pero estoy convencido de que será en operaciones donde empezaremos a apreciar un valor realmente notable. La industria genera una enorme cantidad de datos y ahí la inteligencia artificial puede aportar muchísimo valor. Sin embargo, hay algo que me preocupa, no debemos perder la capacidad de obtener esos resultados por nosotros mismos. Que una herramienta sea capaz de hacer un análisis no significa que las personas deban dejar de entender cómo se construye ese análisis. Ocurre exactamente igual en una negociación comercial. Un buen negociador debe acudir a una reunión con todos los datos relevantes en su cabeza, conocer perfectamente los costes, los márgenes, los antecedentes y las alternativas disponibles. La inteligencia artificial puede ayudar a preparar esa información, pero la negociación sigue siendo responsabilidad de las personas. Y cuando una relación comercial se vuelve complicada después de muchos correos electrónicos, normalmente la solución no pasa por escribir otro correo, lo que corresponde es llamar por teléfono o sentarse delante del cliente. Hay aspectos de las relaciones profesionales donde el contacto personal seguirá siendo insustituible.

¿Te ha sorprendido más la velocidad o la capacidad de la inteligencia artificial?

Las dos cosas. La capacidad me sigue sorprendiendo cada día. Y la velocidad con la que está evolucionando también. Probablemente dentro de muy poco veremos herramientas capaces de hacer cosas que hoy todavía ni siquiera imaginamos.

¿Cómo está reaccionando la gente de la empresa ante la inteligencia artificial? ¿Con curiosidad, miedo, resistencia o entusiasmo?

Diría que principalmente con entusiasmo y curiosidad. La percepción general es que se trata de una herramienta que puede ayudar a trabajar mejor, no de una amenaza. En nuestro sector, además, todos nos conocemos bastante bien. Somos pocos los fabricantes de productos derivados del café y el chocolate y mantenemos una relación muy cercana. Cuando alguien tiene un problema concreto muchas veces llama a otro compañero del sector para contrastar una situación o pedir consejo. Espero que esa forma de colaborar nunca desaparezca. La inteligencia artificial puede responder muchas preguntas, pero no debería sustituir el valor de compartir experiencias entre profesionales que llevan años enfrentándose a los mismos desafíos.

¿Qué habilidades crees que serán más importantes en los próximos cinco años?

Hay habilidades que nunca dejarán de ser importantes. La primera es el sentido común. Después, las ganas de trabajar, el esfuerzo y la capacidad de implicarse. Son valores que han sido fundamentales siempre y que seguirán marcando la diferencia, independientemente de la tecnología disponible. De hecho, si hay algo que me preocupa es que la inteligencia artificial pueda hacernos perder determinadas capacidades. Pensemos, por ejemplo, en un escandallo de costes. Hoy una herramienta de IA puede elaborarlo en pocos segundos con un nivel razonable de detalle. Eso es una ayuda extraordinaria, pero el profesional sigue necesitando comprender cómo se construye ese escandallo, interpretar sus resultados y detectar dónde están realmente las oportunidades de mejora. La inteligencia artificial debe ayudarnos a trabajar mejor, no sustituir nuestra capacidad de análisis.

¿Qué te preocupa más: los riesgos tecnológicos, regulatorios, culturales o la pérdida de competitividad?

Mi principal preocupación es la competitividad. Vivimos en un mercado completamente global y necesitamos competir en igualdad de condiciones. Por eso espero que Europa sea capaz de crear un marco regulatorio que nos permita jugar con las mismas reglas que nuestros competidores internacionales. Si otros mercados pueden desarrollar determinadas soluciones tecnológicas con mayor rapidez y menos restricciones, corremos el riesgo de perder competitividad industrial. La regulación es necesaria, pero también debe ser compatible con la capacidad de innovar.

¿Crees que las empresas que no incorporen la inteligencia artificial de forma seria terminarán quedándose fuera del mercado?

Dependerá mucho de su tamaño. Las grandes empresas, sin ninguna duda. Si una gran organización decide no incorporar inteligencia artificial perderá eficiencia y capacidad competitiva frente a quienes sí lo hagan. En cambio, en el caso de las microempresas la situación puede ser diferente. Pensemos en un pequeño restaurante. Su éxito depende sobre todo de factores como la calidad del producto, la cocina, el servicio o la atención al cliente. La inteligencia artificial puede ayudar en determinadas tareas, pero no será necesariamente el factor que determine su capacidad para competir. Cada empresa deberá encontrar el equilibrio adecuado según su dimensión y su actividad.

¿Está Canarias preparada para competir en un entorno empresarial impulsado por la inteligencia artificial?

Creo que sí. Desde el punto de vista formativo no considero que estemos por detrás de otras comunidades autónomas. Disponemos de profesionales perfectamente capacitados para afrontar esta transformación. Otra cuestión distinta es la pérdida de talento. Durante años muchos profesionales altamente cualificados han desarrollado su carrera fuera de Canarias y sería muy positivo crear las condiciones necesarias para atraerlos nuevamente. Recuperar ese talento puede convertirse en una ventaja importante para el desarrollo industrial y empresarial del archipiélago.

¿En qué áreas de la industria seguirán siendo imprescindibles las personas?

La automatización seguirá avanzando y probablemente una parte importante de las tareas más repetitivas terminarán realizándose sin intervención humana. De hecho, hoy ya existen líneas de producción que funcionan prácticamente de forma autónoma. Es posible que determinadas funciones operativas reduzcan significativamente su necesidad de mano de obra durante los próximos años. Sin embargo, eso no significa que las personas vayan a dejar de ser necesarias. Siempre harán falta profesionales capaces de diseñar procesos, interpretar la información, resolver problemas inesperados, tomar decisiones y liderar equipos. La tecnología puede ejecutar muchas tareas, pero la responsabilidad de dirigir una empresa seguirá siendo profundamente humana.

¿Qué te preocupa más: adoptar la inteligencia artificial demasiado despacio o demasiado deprisa?

Me preocuparía más hacerlo demasiado despacio, aunque eso no significa que haya que correr sin criterio. Siempre he pensado que, en muchas ocasiones, es mejor ser el segundo que el primero. Quien llega inmediatamente después puede aprender de los errores iniciales, incorporar tecnologías más maduras y realizar inversiones con un mayor nivel de seguridad. La clave no está en ser el primero, sino en elegir el momento adecuado.

Conclusión

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